(Cortázar, 2004:52)
¿Qué le ofrecía aquella cajita de botones a esta niña? Tanto tiempo después viene a descubrir que esos botones, esos colores, esas texturas, esos “discos nacarados” le ofrecían una presencia. ¿Podría hoy abstraer su mirada hacia los botones como propone Cortázar en su relato? ¿Podría definir a una persona sólo con un puñado de botones? ¿Podría con ellos transmitir sensaciones? Los círculos, los puntos exagerados, solitarios, agrupados y combinados, ya habían llegado a su universo y eran ellos un elemento conector entre esa niña, sus paisajes y los personajes que de cuando en cuando la acompañaban.
La niña cierra los ojos, vuelve a los sueños, a las sensaciones, a las siestas con olor a azahar, a la dulzura de las mermeladas, al universo del color hecho carretel y botones, a las puntadas y a los puntos…